Hábitat, sexo y generación: el retrato del votante que decide

Elecciones a las Cortes de Aragón
4 de febrero de 2026 por
Hábitat, sexo y generación: el retrato del votante que decide
Patxi Nogales

Si la arquitectura electoral determina cuántos votos cuesta un escaño, el voto útil (o voto estratégico) explica cómo los electores ajustan su conducta cuando entienden esas reglas.

La teoría politológica es clara desde hace décadas. En distritos de magnitud reducida, no todas las candidaturas son igual de viables (Samuels and Snyder, 2001; Cox, 1997). Cuando los distritos son pequeños y la competición se concentra en pocos escaños, aumenta la probabilidad de que algunas candidaturas sean percibidas como no viables. El votante puede preferir una opción por cercanía ideológica (voto sincero), pero si anticipa que esa candidatura tiene pocas probabilidades de entrar, aparece el incentivo a votar estratégicamente por una alternativa con más opciones de obtener escaño. En ese escenario, los votantes tienen incentivos a coordinarse y a abandonar opciones con pocas posibilidades reales de entrar, desplazando el voto hacia alternativas con capacidad de traducir apoyos en escaños (Lago and Coma, 2013).

Los datos lo reflejan con claridad. Una parte relevante de los encuestados respondían un partido político al preguntarles por la simpatía, pero, en cambio, respondían otro distinto en el momento de expresar su intención de voto. De esta forma, puede observar que, en Huesca, casi uno de cada cuatro votantes opta por el voto útil (23,29 %), una proporción muy superior a la de Zaragoza (13,96 %). Teruel se sitúa en una posición intermedia (15,55%). Estos datos están en línea con el voto útil, cuanto más pequeño es el distrito, mayor es la presión para coordinar el voto.


Más allá del voto útil, los datos apuntan a un segundo mecanismo clave: el eje rural-urbano. La competencia política no se ordena únicamente en torno a izquierda-derecha; también pesa la geografía social, es decir, si el votante vive en capitales o en ciudades intermedias, con experiencias distintas de acceso a servicios, oportunidades, movilidad y relación con el “centro” de decisión (Fernández-Albertos, 2002; Lago and Coma, 2013).

En las áreas urbanas, el voto se concentra más en opciones de alcance nacional y con perfiles más competitivos en entornos urbanos: destaca el mayor peso de Vox y un Partido Popular también ligeramente superior. En cambio, en el mundo rural ganan terreno formaciones con un anclaje más territorial o con mayor capacidad de conexión con demandas locales: crecen Chunta Aragonesista, Teruel Existe (aquí como “Aragón Existe”). PSOE, por su parte, aparece prácticamente estable entre ambos contextos, lo que sugiere una base más transversal en esta comparación concreta.


Hasta ahora, se ha observado cómo el sistema y el territorio ordenan la competencia. El siguiente paso es mirar al votante.

Analizando la edad, el primer eje que emerge con claridad es el generacional. El Partido Popular presenta un patrón muy definido de crecimiento con la edad: su apoyo es relativamente bajo entre los más jóvenes y se consolida a partir de los 45 años, con especial fortaleza en los tramos de 55 a 64 y mayores de 65. El PSOE muestra una pauta distinta: su apoyo es moderado en edades centrales, pero repunta con fuerza entre los mayores, lo que confirma un perfil envejecido en comparación con sus competidores.

El caso de Vox es casi el inverso. Su máximo se concentra en las cohortes más jóvenes y cae de manera sostenida conforme aumenta la edad. En el resto de las formaciones, los apoyos son más fragmentados: Chunta Aragonesista se concentra sobre todo en edades jóvenes-adultas, mientras que Izquierda Unida–Sumar encuentra su principal nicho en edades intermedias, con menor implantación entre los mayores.


El segundo eje relevante es el sexo, donde aparece una brecha clara. Entre los hombres, el voto se concentra en mayor medida en el Partido Popular y, sobre todo, en Vox, que obtiene un apoyo más alto que entre las mujeres. En cambio, el voto femenino muestra una mayor dispersión: crece el peso del PSOE y de las opciones de izquierda alternativa, y disminuye el de la opción más polarizadora. El resultado es un electorado femenino más plural y menos concentrado en un solo polo ideológico.


En última instancia, todas estas dinámicas, el diseño del sistema, el territorio y el perfil del votante, solo cobran pleno sentido cuando pasan por las urnas. El domingo se verá hasta qué punto el voto útil, el eje rural-urbano y las diferencias generacionales y de género se traducen en escaños concretos y en equilibrios de poder. Ahí es donde la teoría se enfrenta a la realidad electoral y donde Aragón mostrará, una vez más, cómo las reglas y los votantes interactúan para producir un resultado político específico.

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