Elecciones a las Cortes de Aragón

2 de febrero de 2026 por
Elecciones a las Cortes de Aragón
Patxi Nogales

El próximo 8 de febrero se celebrarán las elecciones a las cortes de Aragón. Mientras en otras comunidades se le llama parlamento, la denominación de Cortes procede de la terminología utilizada durante el Reino de Aragón. Aunque a raíz del decreto de nueva planta (establecido por el rey Felipe V tras ganar la guerra de sucesión) fueron abolidas hasta el establecimiento del Estatuto de Autonomía.

Actualmente se eligen 67 diputados mediante tres circunscripciones provinciales: Zaragoza, Teruel y Huesca. Cada provincia reparte un mínimo de 14 escaños. Después, según la población de cada una se distribuyen los 25 restantes, aplicando así un criterio de proporcionalidad poblacional con corrección territorial (mínimo garantizado por circunscripción).

De hecho, este mínimo garantizado y el posterior reparto proporcional de los escaños sin asignar no es una rareza aragonesa. A nivel nacional se aplica exactamente la misma lógica para el Congreso. La LOREG establece que “a cada provincia le corresponde un mínimo inicial de dos Diputados” y que, una vez asignado ese suelo territorial, “los 248 Diputados restantes se distribuyen entre las provincias en proporción a su población”. Por lo que realmente el sistema electoral aragonés sigue la fórmula que se aplica en el congreso de los diputados (LOREG. Art. 162).


Este diseño busca equilibrar el principio una persona, un voto con la representación territorial, pero introduce un grado de malapportionment: El valor del voto no es homogéneo entre provincias, de modo que la conversión de votos en escaños tiende a ser relativamente más favorable en las circunscripciones menos pobladas (Samuels and Snyder, 2001).

Además, al combinar una circunscripción de gran magnitud (Zaragoza) con otras más pequeñas (Huesca y Teruel), el sistema genera incentivos distintos de competencia y coordinación. Aunque en Huesca y Teruel el escaño sea “más barato” en términos de votos por el efecto del mínimo provincial, la menor magnitud de distrito (M) y el reparto mediante D’Hondt elevan el umbral efectivo: con menos escaños en juego, el método tiende a concentrar la representación en menos candidaturas, de modo que resulta más difícil que entren más partidos. En términos de coordinación estratégica, esta intuición se resume en la regla M+1 desarrollada por Cox en 1997: en un distrito que reparte M escaños, suelen ser viables aproximadamente M+1 candidaturas con opciones reales de obtener representación. Así, cuando M es alta (Zaragoza) el sistema permite más pluralidad, mientras que cuando M es baja (Huesca y Teruel) se reduce el número de competidores viables y aumenta la presión hacia la concentración del voto y el voto estratégico.

Cirunscripciones Electores % Electores Votos Escaños % Escaños Diferencia Electores Escaño Votos/Escaño
Huesca 173.392 17% 112.142 18 27% 10% 6.230
Teruel 106.318 10% 74.030 14 21% 10% 5.288
Zaragoza 739.340 73% 483.603 35 52% -20% 13.817
TOTAL 1.019.050 100% 669.775 67 100%

Elaboración propia mediante datos de las elecciones autonómicas de 2023.

Como se puede observar en la Tabla a modo de resumen ilustrativo, es mucho mas barato conseguir escaños en Huesca y Teruel que en Zaragoza. Pero, junto a esto, en Zaragoza se da el doble de escaños que en las otras dos circunscripciones.

En realidad, ambas dinámicas son la cara y la cruz de la misma moneda. Este doble mecanismo (mínimo garantizado por provincia y diferencias de tamaño entre circunscripciones) hace que el sistema sea proporcional en su lógica general, pero no territorialmente neutro. Por un lado, el mínimo de 14 escaños introduce malapportionment: en Huesca y Teruel “cuesta” menos votos obtener un diputado que en Zaragoza, aumentando el peso relativo de las provincias menos pobladas en el conjunto de las Cortes. Por otro lado, la menor magnitud en estas provincias incrementa el umbral efectivo y genera una representación más concentrada, favoreciendo a las candidaturas que se sitúan por delante en la disputa por los últimos escaños.

Cuando hay mucha desigualdad en el tamaño de los distritos (lo que académicamente se conoce como varianza en la magnitud, porque una provincia reparte muchos escaños y otras pocos), no solo cambia el “juego” dentro de cada provincia, sino también el resultado del sistema en conjunto. La idea es sencilla: en el distrito grande, como “caben” más escaños, es más fácil que entren más fuerzas y la competición tiende a estar más fragmentada; en los distritos pequeños, con pocos escaños, el reparto empuja a que el voto se concentre y acaben entrando menos partidos. Esta combinación hace que cada provincia termine funcionando con dinámicas partidistas distintas y que sea más difícil que partidos y votantes se coordinen de la misma manera en todo el territorio. El resultado agregado puede ser una “inflación” del sistema de partidos: al sumar provincias con lógicas diferentes, el conjunto autonómico puede acabar con más partidos con peso (porque logran escaños y condicionan pactos y mayorías) de los que esperaríamos si todas las circunscripciones tuvieran un tamaño parecido.

Todo ese diseño institucional tiende a penalizar a los partidos pequeños o en retroceso y a premiar a los grandes o a los que llegan en dinámicas positivas. La razón es doble: primero, en Huesca y Teruel, aunque el escaño sea “más barato” por el malapportionment, la baja magnitud (M) y el reparto D’Hondt elevan el umbral efectivo, de modo que muchas candidaturas se quedan fuera salvo que estén claramente en el grupo de opciones viables (M+1). Eso castiga especialmente a fuerzas con apoyo disperso o debilitado, que pueden quedarse a las puertas del último escaño, y empuja al votante hacia la concentración y el voto estratégico. Segundo, ese mismo mecanismo sobrerrecompensa a los partidos grandes, los cuales consolidan representación con más facilidad y, además, una fuerza en dinámica ascendente como Vox puede transformar incrementos relativamente moderados de voto en saltos más visibles en escaños, sobre todo si logra situarse como “último ganador” en provincias pequeñas, donde la competición por el último diputado es más cerrada y cualquier desplazamiento marginal puede decidir mayorías.

De ahí también la importancia de prestar atención a dónde se realizan las encuestas y cómo se construye la muestra. Por razones de coste y logística, lo más sencillo es concentrar entrevistas en Zaragoza. En un sistema con malapportionment y con magnitudes provinciales distintas, pequeños desajustes en Huesca y Teruel, donde el escaño “pesa” más y el reparto es más restrictivo, pueden traducirse en cambios relevantes de escaños y de mayorías. Por eso, para proyectar resultados con rigor, no basta con medir la intención de voto. Hay que asegurar representatividad provincial.

 


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